Pages Navigation Menu

Experiencia como participante del Programa de Intercambio Académico UGRAD

 El día 2 de Septiembre del 2011 dejé mi hogar llena de incertidumbre,  expectativas y emociones.  Con tan sólo una maleta en  la mano y mi bolso en el hombro,  partí hacia los Estados Unidos  para vivir en un mundo desconocido por nueve meses. No tenía idea que ese día comenzaba una de las experiencias más interesantes, educativas y gratificantes de mi vida.

Mi nombre es Grecia Alexandra Morales Zelaya y actualmente soy estudiante de la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Católica Redemptoris Mater. Luego de un largo proceso, fui seleccionada junto con otros 7 jóvenes a representar Nicaragua en el programa de Intercambio Global a Nivel de Pre-Grado (UGRAD) en el período 2011-2012. Este programa es una iniciativa educativa del gobierno de los Estados Unidos a través de la Oficina de Asuntos Culturales y Educativos del departamento de Estado.

Endicott College ubicado en Beverly, Massachusetts fue el lugar que me acogió para esta gran aventura. Desde el momento que me comunicaron que había sido ubicada en esta universidad, observaba a diario las fotos de mi futuro hogar. Quedé maravillada al darme cuenta que la universidad estaba rodeada de playas y bosques- muy parecida a mi país.

Desde el momento que llegué, percibí el cariño por parte de las autoridades de la universidad quienes me dieron la bienvenida y me hicieron  sentir como en casa. Al llegar al campus, me ubicaron en uno de los edificios más antiguos de la universidad con vista al mar. Era una casa de tres pisos con dos salas de recreación, una cocina y un área de lavado. Pero por supuesto, en ese momento todo lo sentía ajeno a mí. Conviví con dos compañeras de cuarto cada semestre.  Cada una de diferentes lugares de Estados Unidos.  Nunca había compartido cuarto con otra persona que no fuera mi hermana. Pero curiosamente, en eso fue lo que se convirtieron- mis hermanas.

El programa me dio la oportunidad de conocer a personas de diferentes partes del mundo, desde Estados Unidos, Republica Dominicana, Venezuela, Pakistán, Mongolia, Camboya y la lista continúa. Era emocionante ir a la cafetería de la universidad y sentarse en una mesa con una mezcla de culturas, religiones anécdotas, costumbres y carreras. Lo más interesante era que “si no habláramos el idioma Inglés, no nos estaríamos comunicando” decía mi amiga de las Filipinas.

World Learning -una entidad no lucrativa que administra el programa en donde trabajan personas de diferentes nacionalidades,  siempre estuvo pendiente de mí en caso de cualquier duda o necesidad. Hubo una  comunicación continua y me sentía como  en  familia.

Académicamente,  gracias al programa pude inscribir materias que eran  fundamentales en  mi carrera. Fue muy difícil la selección de mis clases por semestre pues la mayoría eran de mi utilidad profesional. Dentro de los cursos se encontraban: la conducta del consumidor, los negocios y la sociedad, negocios internacionales y estrategias globales de mercado. Para aprovechar este intercambio al máximo, decidí  enfocarme en cursos internacionales para aplicarlo en Nicaragua y proyectarla en este mundo globalizado.

El sistema educativo de los Estados Unidos es diferente al que estaba acostumbrada en Nicaragua. Los cursos requerían de mucha investigación y aprender haciendo era el lema de los educadores. Las clases eran más dinámicas y con mayor interacción, discutíamos casos de la vida real y planteábamos soluciones a problemas del mundo empresarial.

También tuve la oportunidad de inscribir otras clases como Cultura Popular de los Estados Unidos, Historia de las Mujeres Norteamericanas, y una de mis favoritas: Fotografía. Gracias a estos cursos y una mezcla de visitas a museos, parques y ciudades aledañas logré comprender un poco más de la cultura de otros países.

 Asimismo,  otro de los momentos más gratificantes durante mi estadía en Massachusetts fue el servir a la comunidad. Aprendí que existen muchas alternativas para ayudar a las personas. No sólo se apoya mediante las visitas a un centro si no que también al organizar actividades que beneficien a este.

En conclusión, esta ha sido una de  las mejores experiencias que he vivido, en definitiva me ha cambiado mi forma de ver  la vida y el mundo lejos de mi país. Una de las mejores oportunidades que me dio este  programa ha sido compartir con mis compañeros de la UNICA, maestros, familia y comunidad mi aprendizaje adquirido en tan sólo nueve meses.

Hoy por hoy me he dado cuenta que una de las cosas que tengo en común con mis amigos internacionales es el tener fé a pesar de los obstáculos. Cada uno de nuestros países tiene un  potencial empresarial para ser competitivo  en este mundo globalizado. Además, al compartir con diferentes culturas, me di cuenta que dentro de la diversidad cultural que nuestras costumbres nos enseñan, existe algo que nos une: ser mejores!

Escrito por Grecia Morales.